Veinte años juntos, muchos recuerdos, el más bonito de ambos
fue el día que nació su hija, varios momentos complicados de los que no fue fácil
salir, pero de eso trata el amor, de
apoyar un hombro con otro hombro cuando se está cojo para no caerse, ser uno en
dos cuerpos, respetarse, y eso lo hacían a las mil maravillas.
Un uno de enero ella se fue, no al pueblo ni a un lugar
cercano, ni si quiera a por tabaco, sino a ese sitio del cual no se regresa, a
ese lugar el cual solo deberíamos visitar cuando fuésemos ancianos y no tuviéramos
sueños por vivir, que injusto fue ese año nuevo de dos mil seis, le robo lo que
más amaba, se fue para no volver en un accidente de tráfico por culpa de un
borracho de mierda, si digo de mierda porque me da asco la gente que pone en
juego la vida de los demás solo por el mero hecho de que se creen que controlan.
Se quedó solo con su
hija viviendo lejos por sus estudios, y con la cual el trato no era muy cercano
por cosas de la vida supongo, el mantenía un secreto, seguía pagando la factura
de móvil de su amada después de dos años, no había dado de baja el número, cada
noche le llamaba y escuchaba su voz en el buzón de voz, respondía con un ¨te
quiero y siempre lo hare mi amor¨ y se dormía con el recuerdo de la voz de esa
persona que le observaba desde ese lugar del que no se puede volver, a los
cinco años por confusión escucho el buzón de su amada, y vio que había mensajes
de dos números, picándole la curiosidad los escucho y se dio cuenta de que al
igual que él, otra persona la llamaba todos los días para escuchar su voz pero
esa persona contestaba con un mensaje muy diferente ¨mama te quiero y te echo
de menos, y tranquila cuidare de papa¨, el sonrió y fue su segundo gran
secreto.
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