Te cruzaste en un momento melancólico, fortuito, un echo
apropiado que lleno mi mente de pecados
carnales y sueños en verso, de conversaciones infinitas que aparcaron tu sonrisa en la plaza de garaje libre
que había en mi mente, en ella estas todo el día como si de una poeta rebelde te
trataras o como si no existiera nada más en león que pensarte, no me desagrada
ni mucho menos, ¿a qué idiota le va a molestar pensar con algo tan bonito como tú?
Aunque como dijo Oscar Wilde ¨el rostro de una mujer es su obra de ficción¨. Poco
puedo decirte un domingo de madrugada, soy muy simple y no tengo misteriosos
vocablos ni un secreto inconfesable, tu nombre es lo único que no puedo decir a
nadie ya que tengo miedo de que como todo lo bueno al decirlo se lo lleve el
viento, pero más miedo me da que seas más bella por fuera que por dentro y de
eso estoy cansado, aunque por extraño que suene esta vez vuelvo a confiar en ……………………..

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