Hablemos con palabras malsonantes y de partes de nuestros
cuerpos sin pudor ni vergüenza, también es castellano el llamarte puta, el
decir que viajo más de lo que debería y que por desgracia esos viajes los llevo
a cabo sin moverme del sitio, que cierro los ojos y aparezco en china, en México,
en tu cama, que tres sitios tan distintos y que ganas tendría en todos ellos de
comerte el coño, de que arañases mi jodida espalda, de besar tu clavícula, de
correrme haciéndote el amor en un hotel y de que te corras en la calle mientras
te lamo a plena luz del día, que ganas de soñarte desnuda justo antes de que
salga el sol, porque la noche son más oscuras justo antes del amanecer y
oscuridad es lo que necesito, lo que necesito para verte encima, para verte
debajo a cuatro patas, o con mi cabeza entres tus piernas mientras me diriges
con voz temblorosa hacia el punto en el que hacerte vibrar, y después de
correrte, solo te podre decir que como me puedes poner tanto siendo tan
mala conmigo, y tú solo podrás
responderme en un perfecto y malsonante castellano que soy un hijo de puta,
pero un hijo de puta al que quieres y que esa es la razón por la que me pones
tanto...
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