Esa fiesta en la que todo el mundo la miraba con ojos de
lujuria, yo no, a mí me importaba más bien poco tirando a una puta mierda, tenía
cosas más importantes en las que pensar que en una niñata pero cometí un error,
el error más grande de la noche, la mire justo en el mismo instante en el que ella
me miro, todo en lo que tenía que pensar se me olvido y lo único que deseaba
era que me volviera a mirar pero no, su indiferencia me intrigaba, pero cansado
de ser un cobarde le eche huevos y me acerque, no sabía que decir solo pude
mantener la conversación más extraña y absurda de mi vida, la pregunte si tenía
bolso Ella contesto sorprendida que sí y muerto de vergüenza la dije ¨pues cógelo
que nos vamos¨, ella miro a sus amigas y las dijo algo que no conseguí entender
por el ruido de la música, pero sostuvo el bolso con la mano izquierda y con la
derecha agarro mi mano como que me conociera de toda la vida, nos fuimos sin
mediar más palabra, una vez fuera me dijo que donde vivía y la conteste que muy
cerca y me dijo que la llevara a mi casa yo lo hice y durante el corto trayecto
iba con la emoción de alguien que estrena un coche nuevo, o que va a probar
algo que tenía muchas ganas de probar, y hablando de tonterías y contando
anécdotas graciosas por si acaso se arrepentía, una vez en el portal mientras abría
la puerta pensé que si una mujer sin saber nada de mi o sin ni siquiera
admirarme o conocerme de una larga temporada quería entrar en mi cama, es que
esa mujer no era tan especial, era preciosa, pero como todas a las que
aborrezco capaces de cambiar el amor por sexo o visitar la cama de un hombre
sin contarle antes un íntimo secreto, me gire en el portal y la dije que lo
sentía pero que no quería acostarme con cualquiera, que para eso está la gente
que no vale la pena y me fui, y si otro sábado más sin probar la carne humana,
sin lamer a una mujer, sin llegar al clímax, pero con mis principios intactos,
con mis pensamientos inmunes, y con una larga noche de lectura por delante.
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