Era un chico tímido, con una medio sonrisa capaz de embelesar
a la mujer más exuberante del lugar (a esa mujer la cual a él no le interesaba),
unos ojos negros, intensos, a los que asustaba mirar fijamente, por eso nadie
lo hacía, y el, solo quería una mirada de tres segundos, un vistazo largo, y
una sonrisa acto seguido, se cansó de esperar esa mirada durante la
adolescencia y se acostó con cualquiera, y justo cuando pensó que estaba todo
perdido, que nunca iba a recibir esa mirada, le llego, estaba en la madurez y
vio cómo su mejor amiga en su lecho de muerte le regalo lo que tanto deseaba,
la había tenido siempre a su lado y no se había dado cuenta de lo que le admiraba y
del amor que se profesaban hasta unas horas antes de decirse adiós
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