A veces un viaje puede hacer que una persona cambie su manera de ver la vida, un guiño de un transeúnte al que no entiende, una aventura vivida al perder el metro o equivocarse de parada, hasta un niño que bien por educación o por jugar no quiere subirse antes que tu al ascensor, todo puede hacerte sonreír y como dijo Baudelaire "cada sonrisa evoca un cambio", igual en este último viaje comprendí que el cambio verdadero es el que nace de una lagrima y no de una sonrisa, de una noche en un hospital y no de una tarde de cañas o de una triste conversación de amor con un moribundo y no de unos mensajes con una cualquiera.
Intento entender por qué alguien en su lecho de muerte piensa en la belleza de las enfermeras y de la pena que siente por no haber compartido su vida con nadie y yo en la flor de la vida me asusto de un te quiero y rehuyo un beso cuando creo que este puede desembocar en amor, desconozco si duele mas un transplante de médula o una mentira y dudo que alguien prefiera pasar por una operación a corazón abierto en vez de que se lo rompan (metafóricamente hablando) pero en mi caso debo ser la única persona que prefiero jugar con la muerte a reírle la gracia al amor, tengo las suerte de haber estrechado la mano a ambos y saber que las heridas que mas tardan en curar son las del corazón.

No hay comentarios:
Publicar un comentario